Por Candelaria Botto
En los últimos años, la Educación Sexual Integral (ESI) pasó a convertirse en uno de los frentes más visibles de la llamada “batalla cultural”. En redes sociales, programas de televisión y discursos oficiales, la ESI aparece una y otra vez señalada como símbolo de un supuesto “adoctrinamiento ideológico”, una amenaza para la familia o incluso para la infancia. Detrás de muchas de estas narrativas hay estrategias coordinadas de desinformación y producción de pánico moral.
Nuestro informe “La batalla cultural online”, que monitoreó durante 2024 y 2025 contenidos de odio y desinformación en redes sociales, muestra cómo estas narrativas se consolidaron en el ecosistema digital. Buena parte de los contenidos analizados se organizan alrededor de ataques a lo que llaman “ideología de género” y a políticas públicas vinculadas con los derechos de mujeres y diversidades, presentadas como imposiciones ideológicas.
En este escenario, la ESI aparece como uno de los blancos recurrentes de estas campañas. A dos décadas de la sanción de la ley que la creó, la ESI no solo transformó las aulas argentinas, sino que también logró prevenir violencias y abusos en las infancias. Miles de docentes, estudiantes y familias la defienden como una herramienta clave para promover la igualdad y garantizar derechos, aunque sus detractores quieran utilizarla para desinformar y generar pánico en la sociedad.
En este contexto de avances, resistencias y ataques, conversamos con Eleonor Faur, socióloga feminista y una de las especialistas que más ha investigado y acompañado el desarrollo de esta política pública, para reflexionar sobre lo que la ESI verdaderamente es, lo que logró construir, los desafíos actuales y por qué sigue siendo una herramienta fundamental para pensar una sociedad más justa.
¿Cuáles fueron para vos los principales avances logrados gracias a la Educación Sexual Integral?
Un logro indiscutible es la institucionalización de la ESI. Esto implicó varios hitos. El primero fue la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral en 2006, que permitió convertir un derecho reconocido en los tratados internacionales en una política pública concreta. El segundo fue la creación del Programa Nacional de ESI, dentro del máximo órgano regente de la educación que es el Ministerio Nacional de Educación.
En ese proceso hubo un paso clave: la definición de lineamientos curriculares básicos. Esos contenidos se construyeron a partir de una mesa de negociación muy amplia en la que participaron gremios docentes, académicas, organismos las Naciones Unidas, y referentes de los feminismos y la diversidad. El resultado fue un documento que estableció qué contenidos debía abordar la ESI en cada nivel educativo, respetando las edades de las infancias y adolescencias, y las particularidades de cada asignatura.
Esos lineamientos fueron aprobados por unanimidad en el Consejo Federal de Educación en 2008 y fijaron un piso mínimo de contenidos obligatorios que luego se fue ampliando con nuevas leyes conquistadas en el país, como la ley de Identidad de Género, el matrimonio igualitario, y la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.
Mucho de todo ese trabajo sigue vigente, incluso frente a embates actuales. Desde el punto de vista programático hubo una capacitación docente masiva que comenzó en 2008 y que, a partir del 2012, se volvió realmente federal, llegando a casi todas las provincias con un dispositivo de formación muy amplio. Fue una experiencia muy estudiada, tanto en Argentina como en otros países, por sus excelentes resultados en términos de transformación de subjetividades docentes.
Al mismo tiempo, se produjeron decenas de materiales y recursos pedagógicos para las y los docentes, que fueron distribuidos en todas las escuelas del país. Incluso se elaboró un cuadernillo pensado para trabajar la ESI también con las familias. En pocos años se logró una cobertura muy amplia en todo el territorio gracias a una combinación de inversión pública sostenida, compromiso político y un saber pedagógico que se consolidó y profundizó con el liderazgo del Programa Nacional de ESI, que hoy está fuertemente desfinanciado.
La ESI avanzó gracias a una inversión estatal sostenida para institucionalizarla, a sabiendas de que se trata de una política pública que pone en cuestión una serie de desigualdades y jerarquías, centralmente, las de género, y que la pedagogía sería clave para la transformación de normas sociales de género, modos de convivencia, de vincularidad y de vida atravesadas por múltiples discriminaciones.
En los últimos años del gobierno de Alberto Fernández incluso se lanzó un diplomado virtual de ESI en el que participaron más de 40.000 docentes por año de forma voluntaria. Esa instancia hoy fue desmantelada. Y ese es un problema importante, porque cuando se deja de formar docentes (o se cambia la perspectiva de lo poco que hay) la política pública empieza a perder alcance.
Cuando asume un gobierno que descree de la capacidad del Estado y que además tiene una oposición clara frente a la perspectiva de género y un ataque directo a las políticas de igualdad, la ESI resulta un blanco evidente, ya que cae justo en esa intersección: inversión para políticas transformadoras. Si a ello le sumamos lo que desde las altas esferas llaman “la batalla cultural”, el escenario se vuelve mucho más complejo para seguir impulsando esta política desde el Estado nacional.
¿Cuál es el estado actual de la ESI en Argentina?
Toda política pública requiere mucho tiempo para establecerse y más si se trata de una política contracultural como es la ESI. En este sentido, hay algunos problemas que venían desde antes. Argentina tiene más de 1 millón de docentes, y la ESI no es una política que pueda abordarse con los preconceptos de cada docente. Hace falta una disposición y capacitación específica, para desnaturalizar lo dado.
De esta forma, siempre fue un desafío, por un lado, la heterogeneidad de abordajes en las distintas provincias y escuelas y, por otro lado, la transversalización de la ESI en la currícula, y la integralidad en la oferta de contenidos. Un tema histórico es la dificultad de superar la mirada biomédica en torno a la ESI, para profundizar en contenidos de derechos y de género.
Hay un punto de inflexión muy claro con este gobierno y es que no sólo vacía el financiamiento educativo general, sino el particular para la ESI. Cuando el Estado se corre, estas políticas quedan sujetas a la voluntad de quienes están frente a las escuelas, incluso, de las aulas.
¿Qué está sucediendo en las aulas donde no hay ESI?
Un problema que aparece hoy tiene que ver con el tipo de contenidos promovidos desde el Estado nacional. Actualmente hay una agenda de “educación emocional” que viene instalándose y busca reemplazar a la ESI. No nació ahora, sino que el gobierno de Mauricio Macri ya venía con esta perspectiva, propia de la lógica del desarrollo de “capital humano”, es decir, de formar personas que puedan insertarse de la manera más eficiente posible en el mercado laboral. Este enfoque pone el acento en la gestión de las emociones de las y los estudiantes, con una mirada mucho más útil/funcional para el mercado, para tener sujetos con ciertas habilidades “emocionales” para ingresar a los mercados.
La gestión de las emociones es una perspectiva muy diferente a la que propone la ESI. En la lógica de la educación emocional, hay emociones que están bien o están mal, mientras que la ESI trabaja la afectividad desde otro lugar, en donde hay un reconocimiento y una importancia de los afectos, de poder hablar de lo que nos incomoda, poder decir si estamos tristes, o contentos. Es un enfoque orientado a educar personas vinculada al paradigma de los derechos humanos, orientada a formar sujetos más libres y responsables.
Además, la mirada sobre la educación emocional plantea otro problema. La escuela es un lugar privilegiado para fortalecer lazos comunitarios y solidaridades pero la educación emocional suele centrarse más en una lógica individualista.
Lo importante, en todo caso, es entender que la educación emocional no cubre los contenidos de la ESI, que por enfoque y por los propios contenidos a abordar, son mucho más abarcativos. Con todo, la escuela sigue siendo un espacio de sociabilidad, que nos permite un poco más de optimismo. Mientras siga existiendo un lugar donde se juntan chicos y chicas con docentes a cargo, mientras haya docentes y directivos dispuestos y dispuestas a reconocer los derechos de sus estudiantes, y a fomentar espacios de trabajo compartido, hay algo que se está generando.
Para alguien que solo escuchó hablar de la ESI a través de “polémicas” en redes sociales: ¿cómo explicarías lo que realmente es la Educación Sexual Integral? ¿Qué implica en la formación de las personas?
En este caso, es necesario tener una actitud tranquila, sin intentar bajar línea ni entrar en la polémica, ya que es lo que se busca desde las redes sociales: generar pánico moral y desinformar para producir terror frente a la ESI. Hay que generar tranquilidad a las familias de cuáles son los contenidos de la ESI, más aún para las personas que no tuvieron contacto con ella y solo tienen acusaciones en contra de la misma para que puedan entender que la ESI tiene distintos contenidos que acompañan las diferentes edades y momentos de la formación de las personas, en tanto escuela inicial, primaria y secundaria.
En la formación inicial, donde es más atacada la ESI, los y las alumnas incorporan contenidos en relación a conocer su cuerpo, respetar su intimidad y, un tema central para conocer desde temprana edad, que es la prevención del abuso sexual en la infancia. En general, las familias tienen mucho temor a los abusos y por eso hay que tomar a la ESI como aliada en la protección de las mismas para darle más herramientas a los niños y niñas para que puedan, en primera instancia, entender los límites de su cuerpo, de su intimidad, y también poder tener un espacio donde puedan hablar de lo que les pasa y recibir contención ante casos de abusos en su vida o en su entorno.
Si bien no es el único tema que se trabaja en el nivel medio, durante la adolescencia es necesario dar herramientas para la prevención del embarazo no intencional aunque muchas veces se retruque que “los feminismos y la ESI quieren acabar con la humanidad”. Se trata en realidad de dar herramientas para tomar decisiones más informadas y, por ende, más deseadas. Conversar sobre la sexualidad supone hablar de decisiones, de respeto por nuestro cuerpo, del cuidado de nuestra salud y de nuestros vínculos. Hay un abanico de temas que, claramente, no se agota en la información sobre métodos anticonceptivos, una vez que pensamos la sexualidad desde un enfoque social, que supera la mirada biologicista.
Es más interesante a nivel de disputa cultural y política entrar al tema por el lugar de tranquilizar a las familias, más que ingresar hablando de los derechos ya que, en muchos casos, parece un cascarón vacío que sólo nos encasilla en la otredad. Hay que hablar de la necesidad de niños y niñas de poder cuidar su cuerpo, de tener un espacio para responder preguntas que muchas veces las familias no saben como contestar y las docentes formadas en ESI tienen una preparación para dar respuesta de manera científica, con enfoque pedagógico, donde realmente se va ofreciendo información que es significativa según la etapa vital con la que se trabaje. La ESI da herramientas para prevenir violencias a lo largo de su vida y eso es lo más importante a la hora de contrarrestar los ataques.
Cuando se habla de “adoctrinamiento”, ¿qué se está malinterpretando sobre cómo funciona la ESI en el aula?
Estamos frente a una situación dilemática y delicada, muchas veces cuando feministas salen en defensa de la ESI hay una “bajada de línea” que nos deja demasiado cerca de este tipo de acusaciones de adoctrinamiento, aún cuando ello no necesariamente suceda dentro de las aulas.
Voy a dar un ejemplo. En una investigación que hicimos con mi grupo de investigación estábamos entrevistando un grupo focal de estudiantes de una escuela de Salta que estaban debatiendo la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. En este marco, una chica dijo “es muy importante cómo nos dan los temas, no solo los temas que nos dan; a nosotras nos interesa hablar del aborto, pero si nos dan el tema sin emitir nuestras dudas, sin dar nuestra opinión, o nos dan una fotocopia para aprender ciertos datos de memoria; a mí no me interesa eso, me interesa poder conversar”.
De ese grupo focal, la mitad de los adolescentes estaban en contra del aborto legal, pero igual querían conversar sobre la tematica. No querían que les dijeran “está mal lo que están pensando”. Querían poner en cuestión sus propias ideas. Y acá es donde entra la pedagogía, la escuela como el espacio para aprender y para poder plantear preguntas. En este caso, nosotras lo que dijimos es que “cada uno puede pensar lo que considere y que la legalización del aborto tenía que ver con un tema de salud pública, pero que una ley como esta no determina qué tenés que hacer ni desear para tu propia vida, sino que garantiza que los abortos que suceden -incluso en la clandestinidad- sean realizados de manera segura y sin poner en riesgo la vida de las mujeres”.
La ESI, justamente al suceder dentro de las aulas, se piensa de manera pedagógica, no de manera doctrinaria. La cuestión pedagógica tiene mucho que ver con dejar la puerta abierta para esos intercambios. Si la puerta no está abierta a preguntas y cuestionamientos, entonces la conversación se vuelve más rígida, más difícil y con imposibles puntos de conversación y escucha mutua. Prefiero no pensar que la gente que teme a la ESI está equivocada, sino, más bien, preguntarme por qué están teniendo ciertas ideas, qué temores o malos entendidos los mueven. Escuchar y buscar un abordaje diferente para tratar los contenidos alineados con los derechos, la igualdad y la no discriminación.
Lo mismo cuando hacemos los talleres de ESI, con los estudiantes de la Escuela IDAES, de la UNSAM, en los Centros Juveniles de San Martín. La idea es que salgan a la luz todos los pre-conceptos, ideas, etc. de los chicos de los territorios. No podemos solo dejar oídos abiertos a quienes piensan como nosotras porque sino dejamos mucha gente afuera, sobre todo varones. Hay una conversación que hay que tener a nivel político.
Pienso que las personas se distribuyen como una campana de Gauss, donde las puntas son las minorías intensas y convencidas pero las mayorías están en el medio. Asumamos que somos una minoría intensa y que quienes acusan de adoctrinamiento también lo son y están convencidos de lo suyo, tienen sus doctorados, títulos, conferencias, referentes, etc.
Nuestra forma de disputar hegemonía no es discutir con las otras minorías intensas, sino conversar con esa otra cantidad de gente que no se identifican netamente con ninguno de los dos bandos, pero que tienen preguntas y preocupaciones que sintonizan con lo que la ESI plantea. Se pueden dar ejemplos concretos acerca del proceso de igualar los derechos entre géneros, ejemplos que se originan en la experiencia vital, como que nuestras abuelas no podían ni firmar un documento sin la autorización de sus padres o maridos.
Recurrir a ciertos ejemplos que permitan mostrar cómo muchos de los cambios que hoy vivimos (como una mayor validación de las mujeres como sujetos de derechos) sirve para hacerlo carne, para ponerle muchas más palabras que muestran las luchas por la igualdad como procesos sociohistóricos. Empatizar un poco para desarmar el ataque hacia el concepto de género.
A las primeras personas que hay que formar, en todo el sistema educativo, es a quienes van a dar las clases. Nuestra conversación principal, como académicas feministas, es con las y los docentes. Es en los institutos de formación docente. Ahí la conversación tiene que asentarse en el conocimiento, con fundamentos históricos y sociológicos, construirse desde una mirada crítica de la pedagogía, aportar ejemplos.
¿Que implica la ESI en la sociedad?
Demos un ejemplo concreto. Una docente en Jujuy de sexto grado nos contó que luego de una clase en el marco de la ESI sobre la violencia de género fue una mamá a los pocos días y le contó que su hijo le dijo: “no está bien cómo te trata papá”. Hay algo de esos aprendizajes que se generan en la escuela, que da herramientas y que cuando se producen, también generan una caja de resonancia en las familias.
Esa maestra o ese espacio educativo va abriendo el lugar para conversar sobre las violencias, que no es adoctrinamiento, sino prevención y derecho de las mujeres a vivir sin violencia. Eso vuelve a las casas. En una investigación, fuimos a una escuela en Córdoba que citaba a las familias a principios de año; una vez, un grupo de madres pidió tener una conversación sobre violencia de género e invitaron a una jueza que trabajaba esos en Córdoba para conversar con las madres. Allí fueron las propias familias quienes encontraron un recurso significativo en la escuela, un puente para acceder a información relevante para las mujeres. La ESI, como efecto secundario, produce un entorno de cuidados que supera incluso la relación entre docentes y estudiantes. Se va generando una comunidad.
¿Cuáles son los riesgos para la implementación de la ESI?
Es muy diferente tener un incentivo desde el Ministerio Nacional de Educación a pasar a todo lo contrario, a un desprecio oficial a la ESI. Aún así hay provincias, como Buenos Aires, Santa Fe, y otras, que siguen trabajando la ESI a nivel provincial, que van contra la corriente y, con mucho esfuerzo, en un escenario de falta de recursos y escasez de inversión nacional en formación docente. También hay que sumar la precarización y pérdida de poder adquisitivo de las docentes en general. Sin embargo, hay una red de docentes muy comprometida con la ESI y que puede sostener y atravesar este temporal. El movimiento “XmásESI” reúne a centenares de docentes y especialistas de todo el territorio nacional, produce conversación, diagnóstico, eventos.
También es muy importante que existan estudiantes que sigan pidiendo ESI. Muchas veces buscan en la escuela un espacio donde poder llevar sus preguntas sobre sexualidad, vínculos y cuidados, y en muchos casos ese pedido es bien recibido. Que estudiantes y familias se hagan escuchar puede ser clave, porque muchas escuelas temen el rechazo de los padres, cuando en realidad no siempre conocen cuál es la demanda real de las familias.
De hecho, no es tan cierto que existan avalanchas de padres en contra de la ESI. Cuando las familias se informan y hacen un pedido respetuoso, muchas escuelas, como nos decían unos chicos, se “animan” a dar ESI.
Ahí hay parte del camino. Los feminismos vamos a seguir activos en esto, pero no podemos ser las únicas personas que tenemos que llevar esto para adelante. Los docentes, familias, estudiantes forman una gran red de comunidad para avanzar con estos enfoques y en la necesidad de las nuevas generaciones de trabajar de manera científica y laica estos temas.
¿Cuáles creés que son las virtudes con las que contamos en Argentina para pensar hacia adelante una sociedad más inclusiva?
En el contexto global, Argentina fue uno de los países que más avanzó en la implementación de la ESI como política de Estado. En este sentido, nosotras tenemos un avance muy importante para defender. Al mismo tiempo, contamos con un personal docente más formado en estos temas que en otros países, donde la educación sexual depende de grupos de jóvenes que capacitan a sus pares, y no de una estrategia pedagógica sostenida en el sistema educativo, como se logró hacer acá. Hay que tener esto en cuenta y muy presente, tuvimos avances que fueron realmente muy profundos.
De cara a 2026, tenemos que seguir apostando a la ESI desde abajo y hacia arriba, fortaleciendo tanto los contenidos como la formación docente. No podemos pensar que la continuidad de la ESI depende únicamente de lo que haga un gobierno nacional. Las organizaciones docentes siguen siendo muy fuertes y muchas veces sostienen estas políticas incluso cuando el Estado se retira.

