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Kill Gap: Vol 2

Ago 8, 2022 | Ecofemidata, Economía/Política, Notas

Por EcoFemiData

El pasado 9 de abril fue el día del pago igualitario en Argentina. Esto significa que las mujeres tuvieron que esperar tres meses y 9 días para poder cobrar lo mismo que los varones cobraron en 2021. Desde Ecofemidata, analizamos la brecha salarial en una primera nota a la luz de distintos factores, tales como el título de grado obtenido, la rama productiva en la que se insertan las personas y el tipo de ocupación.

En dicho análisis, nos preguntamos cómo empieza a gestarse la segregación horizontal en la educación superior (esto es, por qué hay más mujeres estudiando determinadas carreras y más varones estudiando otras) y, además, qué dinámicas adopta dicha segregación más tarde en el mercado de trabajo. Para respondernos, nos basamos en la base de datos publicada por el Ministerio de Desarrollo Productivo, sobre las personas que se graduaron de carreras universitarias entre 2016 y 2018. A los fines de profundizar el análisis del volúmen 1, en este artículo buscamos estudiar las características de la inserción laboral de las y los profesionales graduados de algunas disciplinas específicas.

Cabe destacar, una vez más, que estos datos —al igual que la mayor parte de los datos públicos— presentan una desagregación binaria del género. Es por este motivo que el análisis queda acotado a la distinción entre varones y mujeres, y por eso nos sumamos a la demanda de la población trans-travesti-no binaria por su incorporación y reconocimiento en las estadísticas oficiales.

 

A de alfa, B de brecha ocupacional, C de te lo Calculo en un momento

 

Si miramos la brecha salarial entre los profesionales según su título profesional vemos que las diferencias se relacionan con el sector productivo donde efectivamente trabajan. Es decir, aquellas situaciones donde dos profesionales que han estudiado la misma carrera se insertan luego en actividades laborales distintas. Por ejemplo, los egresados de química pueden dedicarse a la educación o desempeñarse en el sector industrial, lo cual da lugar a distintos niveles de ingresos. Lo que buscamos evidenciar es que ese camino se encuentra generizado, la mayoría de las mujeres van por un lado (que cobra menos) y la mayoría de los varones por otro (que cobra más). 

El siguiente gráfico busca ilustrar este fenómeno calculando, por un lado, la brecha salarial entre las y los profesionales que comparten una misma formación (por ejemplo, graduadas y graduados de Ciencias Básicas) y por otro lado, entre las y los profesionales de cada grupo de disciplinas que además se insertan en la misma rama de actividad. 

Nota: En el sistema Araucano Ciencias Aplicadas incluye carreras como: Ingeniería, Industrias, Arquitectura y Diseño, Informática y Ciencias Agropecuarias. Ciencias Sociales incluye carreras como: Economía y Administración, Derecho, Ciencias de la Información y de la Comunicación, Sociología, Antropología y Servicio Social. Ciencias Básicas incluye carreras como: Biología, Química, Matemática y Física. Ciencias de la salud incluye carreras como: Paramédicas y Auxiliares de la Medicina, Medicina, Veterinaria, Odontología y Sanidad. Ciencias Humanas incluye carreras como: Educación, Psicología, Letras e Idiomas, Artes e Historia.

En gris oscuro se observa la brecha entre los varones y mujeres que tienen el mismo título profesional y vemos que esta barra, en la mayoría de los casos,  es mayor a la brecha señalada en rosa, que compara a profesionales que no sólo obtuvieron el mismo título, sino que además trabajan en el mismo sector productivo. 

Esto significa que las diferencias salariales entre mujeres y varones con igual formación profesional se fundamenta en muchos  casos en el hecho de que, una vez egresados, no se desempeñan en el mismo sector productivo. Este factor es fundamental para explicar la brecha salarial entre mujeres y varones en algunas disciplinas, como las Ciencias Básicas y Aplicadas, y es un efecto marginal en otras disciplinas, como en las Ciencias de la Salud y Humanidades. 

A modo de ejemplo, puede señalarse que las mujeres técnicas en Ciencias Básicas que trabajan en las mismas actividades que sus pares varones tienen, en promedio, remuneraciones mayores a ellos (primera columna rosa negativa). Pero en conjunto, la totalidad de las mujeres técnicas en ciencias básicas tienen salarios menores a los de sus pares varones, dada la diferente inserción laboral. 

La matemática NO achica la brecha 

 

Para  ilustrar este fenómeno, nos detenemos en el análisis de la inserción laboral de los y las profesionales de cinco disciplinas: Ingeniería, Informática,  Sociología, Antropología y Servicio Social

Una primera aproximación a las disciplinas se obtiene observando su grado de feminización (el porcentaje de mujeres graduadas insertadas en cada rama ocupacional). El siguiente gráfico debe interpretarse teniendo en cuenta un fenómeno que se desarrolló en el volumen 1 de este análisis: las mujeres son mayoría en las Ciencias Sociales y minoría en las Ciencias Aplicadas. Ahora bien, no solo la formación de mujeres y varones es diferenciada sino que en su inserción laboral también podemos encontrar sectores claramente feminizados y masculinizados. 

En Ingeniería e Informática las mujeres se encuentran sobrerrepresentadas en los sectores productivos asociados a la enseñanza y la administración pública, y subrepresentadas en los puestos en los sectores de información y comunicaciones e industria manufacturera. En Sociología, Antropología y Servicio Social las mujeres se insertan principalmente en los sectores de salud humana, servicios sociales y la administración pública. En cambio, el área de la enseñanza en estas ramas se encuentra relativamente menos feminizada. 

Las explicaciones posibles son dos y pueden ser complementarias: o bien las mujeres no eligen los sectores más ligados a la industria o el sector privado, o bien estos sectores las excluyen. Como explicamos acá, no hay que perder de vista que las mujeres se ocupan mayoritariamente de las tareas domésticas y de cuidados, dedicando en promedio tres veces más tiempo que los varones a estas tareas. Las tareas de cuidado implican muchas horas del día y, a la vez, muchas veces son irreconciliables con los horarios de la industria. 

Para dar un ejemplo, el horario de las escuelas suele ser incompatible con la clásica jornada laboral de 9 a 18 hs. Más aún si hay cuidados de otros familiares a cargo de estas mujeres. Teniendo esto en cuenta, podemos pensar que la enseñanza y la administración pública son más “compatibles” con las responsabilidades de cuidado que recaen principalmente sobre las mujeres, permitiendo una mayor conciliación entre la jornada de trabajo no paga y la paga. 

Como era de esperar, en el siguiente gráfico puede verse que estas últimas actividades tienen remuneraciones promedio por debajo de las aplicaciones productivas de las Ciencias Aplicadas. Es decir que la generización de las ramas también viene atada a una menor remuneración de las rubros asignados mayoritariamente a las mujeres. 

Nota: Ramas seleccionadas. Ingresos promedio teniendo en cuenta graduades de todas las carreras.

Como síntesis de lo anterior, en el gráfico que sigue se exponen las brechas en cada una de las tres disciplinas según el título obtenido y vemos que las mayores brechas entre varones y mujeres con títulos de pregrado, títulos intermedios y tecnicaturas se observan entre los y las profesionales de Sociología, Antropología y Servicio Social. Sin embargo, en esas mismas disciplinas la brecha tiende a reducirse a medida que se avanza en el nivel educativo alcanzado. En cambio, para las Ciencias Aplicadas, la brecha parece ampliarse en la medida en que se obtienen más titulaciones: llega al 30% entre quienes tienen un título de posgrado en ingeniería. 

El movimiento inverso de la brecha a medida que varía el nivel educativo de las  carreras de sociales por un lado, e Ingeniería e Informática por otro, se explica por la  inserción laboral de los profesionales de cada una de estas disciplinas. Las principales carreras de Sociología, Antropología y Servicios Sociales se vinculan en mayor medida con el ámbito público (gestión, enseñanza y servicios sociales), mientras que en Informática tiene un rol protagónico el sector de Información y Comunicaciones y en Ingeniería, la Industria manufacturera. 

Este fenómeno parecería indicar que las credenciales educativas de las mujeres no rinden en el ámbito privado (es decir, no se ven reflejadas plenamente en su desarrollo profesional), mientras que en el sector público los procesos de selección de personal son menos sesgados por género, por lo que alcanzar un mayor nivel educativo brinda mayores posibilidades de crecer profesionalmente siendo mujer.

Nota: Para algunos tipos de título en las disciplinas seleccionadas (tales como graduados y graduadas con posgrado de informática), la disparidad en la composición según género es tal que no nos permite realizar una comparación de salarios que podamos considerar válida estadísticamente, ya que las observaciones correspondientes a mujeres son insuficientes. En consecuencia, no se han incluido en el gráfico precedente.  

 

Reflexiones finales

 

Este análisis muestra que, si bien la brecha de ingresos está presente para todas las disciplinas, no en todas circula por las mismas vías. En Ciencias Aplicadas, como Informática e Ingeniería, la diferente inserción laboral luego de finalizar los estudios juega un rol fundamental para la reproducción de las desigualdades de género. Son necesarias políticas específicas que promuevan la inserción de mujeres en sectores como información y comunicaciones o la industria manufacturera. Mientras avanzamos en el largo camino de derrumbar los estereotipos de género y socializar las tareas de cuidado, necesitamos que estos sectores se saquen los pantalones y se pongan las polleras. 

De manera complementaria, se mantiene la diferenciación en los salarios según las distintas ramas de actividad productiva, donde aquellas actividades vinculadas a las tareas estereotípicamente femeninas son infravaloradas económicamente. 

Por su parte, la situación es distinta en otras áreas, tales como las humanidades y salud, donde las brechas se observan con relativa independencia de la inserción laboral posterior, por lo que es al interior de cada lugar de trabajo que es necesario equiparar ingresos. 

Este análisis focalizado del mercado de trabajo nos muestra que las disparidades hacen distinción según el nivel educativo y el tipo de actividad. Incluso en los casos en que las mujeres siguen un camino educativo tradicionalmente “masculino”, al momento de elegir una ocupación se topan con paredes invisibles que las orientan hacia trabajos peor remunerados. 

Cuando hablamos de brechas salariales y desigualdades de género, no podemos dejar de lado ni los condicionantes objetivos (como la disponibilidad horaria) ni el peso que tienen los estereotipos sobre las individualidades. . En consecuencia, se pone de relieve la necesidad de que la gobernanza pública garantice un sistema integral de cuidados que posibilite su mejor provisión y distribución y, además, que incentive el ingreso de las jóvenes en carreras y ocupaciones tradicionalmente masculinizadas, entendiendo que un horizonte mejor para todas, todos y todes involucra una mejor reconocimiento de las tareas históricamente feminizadas.

 

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