El machismo en la economía: otro problema que el mercado no puede resolver

Sep 21, 2018 | Economía/Política, Notas

En agosto de 2017, Alice H. Wu, una estudiante de posgrado en economía, publicó un paper donde dejó en evidencia la misoginia que aún persiste dentro de esta profesión. En su investigación, Wu analizó millones de publicaciones anónimas en el sitio econjobrumors.com (un foro informal frecuentado por economistas del mundo académico para intercambiar rumores) con el objetivo de sistematizar cuáles eran las palabras más frecuentemente usadas cuando se hablaba en referencia a mujeres, y cuáles cuando se hablaba de un varón. Para las mujeres, los tres términos más utilizados fueron “más caliente” (en inglés “hotter”), “lesbiana” y “bebé” (“bb”); la lista continúa en la misma tónica, incluyendo también “embarazo”, “hermosa”, “sexy”, “secretaria” y “prostituta”. Sin embargo, para los varones, la situación es completamente distinta: la lista incluye términos relevantes en relación a su rol como economistas relativos a posiciones académicas, escuelas de pensamiento o nombres de universidades; así como también otros con connotación positiva (como “metas” o “Nobel”).

 

Luego de que el New York Times difundiera algunos de los resultados del trabajo de Wu, el interés por este tema creció exponencialmente, al punto de que en 2018, uno de los paneles más exitosos de la conferencia anual de la American Economic Association — una de las asociaciones de mayor reconocimiento en este campo, que además cuenta desde la década de 1970 con un comité permanente destinado a evaluar la situación de la mujer en la profesión económica—  estuvo dedicado de manera exclusiva a esta problemática. En esta oportunidad, el Comité destacó que en la última década se estancó la proporción de ingresantes mujeres a programas de doctorado en economía y, aún más preocupante, que la participación de estas disminuye significativamente en cada escalafón de la jerarquía académica. Este fenómeno se conoce como “leaky pipelines” en inglés y como “escaleras rotas” o “efecto embudo” en español. Así, mientras que las mujeres representan 1 de cada 3 estudiantes de doctorado, la proporción cae a 1 de cada 5 entre profesores/as titulares.

 

Proporción de mujeres en distintas instancias de la carrera académica en la profesión económica (en inglés)

Fuente: The New York Times, basado en AEA, Committee on the Status of Women in the Economics Profession

 

En este mismo panel se abordaron también las distintas causas que pueden explicar esta dinámica y así empezaron a verse con mayor claridad muchas de las barreras que, además del ambiente tóxico presentado en el trabajo de Wu, las mujeres economistas encuentran en el mundo académico. Un trabajo realizado por Erin Hengel, por ejemplo, muestra que los papers escritos por mujeres economistas tardan en promedio seis meses más en llegar a ser publicados en una de las principales revistas con referato de este campo. A su vez, otros estudios explican que las mujeres enfrentan estándares más altos cuando se evalúan sus escritos y que no reciben crédito por los trabajos realizados con co-autores varones. Aún cuando llegan a puestos de profesoras titulares se enfrentan en muchos casos a menores salarios que sus pares varones y a evaluaciones sesgadas de parte de sus estudiantes.

 

El corolario de todos estos obstáculos es una invisibilización de los aportes de las mujeres a la economía. Además de los ya conocidos all male panels (paneles constituidos exclusivamente por varones), las economistas también están ausentes en las currículas de los distintos cursos e incluso en los manuales de economía. Sobre esto último escribió Betsey Stevenson, profesora  de la Universidad de Michigan. En su trabajo analizó los siete manuales introductorios de economía más populares y encontró que el 90% de los/as economistas citados/as son varones. Además, las mujeres constituyen solamente un 7% de los/as policymakers (decisores/as o responsables políticos/as) referenciados/as en los manuales y la mitad de estas menciones están concentradas en Janet L. Yellen, quien este mismo año dejó su cargo (ahora ocupado por un varón) al frente de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Finalmente, cuando en alguno de los manuales se incluye a un personaje femenino ficticio para ilustrar un concepto económico, lo más probable es que ella esté comprando o limpiando y no dirigiendo una compañía o elaborando políticas económicas.

 

Proporción de mujeres que aparecen referenciadas en manuales introductorios de economía, por rol  (en inglés)

Fuente: The New York Times, basado en AEA, Committee on the Status of Women in the Economics Profession

 

En Argentina, la situación no es mucho más alentadora. En 2015, las mujeres constituyeron un 42% del total de estudiantes de grado de la carrera de economía, aunque el porcentaje cae a un 32% en el caso de la Universidad de Buenos Aires, la más grande de la región. A su vez, en la Facultad de Ciencias Económicas de esta misma universidad (que incluye también otras carreras como Administración y Contador), las docentes remuneradas representan una minoría. De hecho, solamente la facultad de Ingeniería tiene una menor proporción de profesoras mujeres. Quienes eligen dedicarse a la profesión económica en la Argentina tampoco están exentas de los obstáculos ya mencionados. Brechas salariales, ambientes hostiles y all male panels son solo algunas de las barreras que las economistas mujeres enfrentan en el día a día.

 

Sin embargo, no todo está perdido. En los últimos meses, y a raíz del incremento de la visibilización de esta problemática, también empezaron a aparecer iniciativas en la búsqueda de soluciones. Desde mujeres organizándose para ocupar espacios usualmente masculinos en Argentina, hasta economistas varones decidiendo no participar de paneles donde no hay disertantes mujeres en España, pasando por asociaciones profesionales que están intentando implementar códigos de conducta en Estados Unidos. Buena parte de la comunidad parece estar comprometida con cambiar el escenario actual. Los resultados están aún por verse, pero si de algo podemos estar seguros/as es que la situación no se resolverá a través de la mano invisible del mercado sino que se necesita de esfuerzos conjuntos para poder cambiar la realidad.

 

Otros recursos propios que podemos citar:

 

Economista no es sinónimo de hombre:

https://ecofeminita.com/economista-no-es-sinonimo-de-hombre/

 

Economía sin corbata o economía crítica feminista

https://ecofeminita.com/economia-sin-corbata-o-economia-critica-feminista/

 

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