Salgan al sol, revienten: 39° Encuentro Plurinacional en Córdoba

Oct 20, 2026 | Feminismos, Notas

Nuestro país transita un año muy lluvioso por el fenómeno de El Niño, en el que el cielo parece no querer despejarse. La sensación de que necesitamos ver un rayito de sol, aunque sea un ratito, para estar más felices es compartida. En Córdoba, durante el fin de semana del Encuentro, llovió, granizó e hizo mucho frío para esta época del año. Y, sin embargo, la sensación en el cuerpo es otra: como si hubiera salido el sol tres días seguidos y nos hubiera cargado a quienes estuvimos ahí con su calor. Es una especie de reacción química que produce la organización feminista y no se compara con ninguna vitamina o suplemento que puedas tomar. Se forma y se canaliza colectivamente. 

El 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries marca, en realidad, 40 años de Encuentros. Esta increíble y hermosa tradición argentina comenzó en 1986 y desde entonces solo fue interrumpida por la pandemia. Para una feminista hija del primer Ni Una Menos como yo, que asistió a su primer encuentro en 2015, cuando cursaba el último año del secundario, el archivo del movimiento feminista empieza a cruzarse con la historia personal: ya tuve más Encuentros que trabajos, casas o parejas. Las nietas de las brujas que no pudieron quemar vamos envejeciendo, pero la lucha continúa. Y, si bien a veces pienso en la frase “no puedo creer que todavía tenga que protestar por esta mierda”, lo cierto es que las agendas se renuevan y los Encuentros siguen siendo espacios de vanguardia para pensar el presente e imaginar el futuro.


Fuente: El Mundo

Por primera vez, el viernes 9 de octubre, el 39° Encuentro tuvo su día zero: una jornada tecnofeminista para salir del laberinto con herramientas propias, desde una mirada crítica sobre el quiebre tecnológico que estamos atravesando. Los debates en torno a la inteligencia artificial, la violencia digital, el mundo del trabajo, el tiempo y el ocio son hoy más relevantes que nunca. Luchar contra este desarrollo de las fuerzas productivas no parece la salida. El xenofeminismo propone, en cambio, hackear la realidad con soluciones propias y autogestivas. ¿Se puede desarrollar una IA feminista? ¿Cómo usamos el tiempo que la tecnología libera? ¿Cómo nos organizamos frente al extractivismo de nuestros territorios en donde avanzan salvajemente los data centers? ¿Podemos controlar mejor nuestros datos y el espacio de almacenamiento que ocupamos? Algunas de las preguntas que resonaron en las aulas de la FAMAF.

El día zero albergó también un taller organizado por la Archiva Histórica Digital de los Encuentros de Mujeres y Disidencias (1986-2016), junto al Archivo de la Memoria Trans de Santa Fe. A 40 años del primer encuentro, reflexionamos sobre la importancia de la memoria, la conservación digital y física de los archivos de la comunidad travesti-trans y  la reparación histórica que aún se le debe. También sobre los descubrimientos que realizan las personas activistas, no necesariamente archiveras de profesión, cuando revisan materiales de archivo con las gafas violetas puestas. Como las feministas sindicalistas de ATE, que desempolvaron políticas laborales de avanzada de los años 70, o las investigadoras cordobesas que interpelaron fotos históricas del Cordobazo y la Reforma del 18 para preguntarse si realmente fueron todos varones quienes protagonizaron estos momentos históricos de los movimientos estudiantiles y de trabajadores del país.

Pienso, también, en la conexión entre ambos talleres: frente a la proliferación de contenido creado por máquinas, los archivos digitales adquieren un nuevo valor como registros de nuestras propias historias. En el cine, la militancia y la investigación, los archivos parecen estar de moda y eso no es casual. Hay una decisión política en recuperar, preservar y contar nuestra historia en nuestros propios términos. Y hay algo artesanal y profundamente humano en esa decisión.

Por la noche, luego de una masiva marcha contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios, y del pañuelazo por nuestros derechos reproductivos, llegó la presentación del Manual de Autodefensa Financiera. Así nos introdujimos en uno de los grandes temas del encuentro: las deudas. 

Los feminismos vienen señalando hace rato el vínculo inescindible entre la deuda externa y las deudas de las familias. También advierte cómo esas deudas, formales e informales, muchas veces usureras, atraviesan especialmente la vida de las mujeres, muchas de ellas jefas de hogares pobres y monomarentales. Deudas que comprometen nuestros futuros y llevan la salud mental de quienes las sufren al límite. 

El primer día, la Asamblea de Desendeudades en la plaza permitió poner el problema en perspectiva latinoamericana: el endeudamiento no es solo una cuestión nacional. La ultraderecha avanza en toda la región, mientras las billeteras virtuales, las apuestas online y la imposibilidad de cubrir la vida cotidiana con nuestros ingresos se vuelven problemas cada vez más extendidos. Una realidad que, otra vez, conecta micro y macro, hogar y mercado, privado y público. 

Durante el sábado y el domingo, llegaron los talleres. El de Soberanía Económica y Endeudamiento en Sectores Populares, con la participación de La Poderosa y la presentación del último informe de su Observatorio Villero, reforzó esta idea: estamos frente al default doméstico y no se trata de un asunto entre privados. De 643 personas encuestadas en villas del país, 31,5% no llega a pagar sus deudas. Es decir, 1 de cada 3 deudores está en default. Si las deudas formales son una bola de nieve difícil de parar, las informales son una avalancha. El circuito ilegal de endeudamiento, el “narcoestado” y el agotamiento que generan estas situaciones profundizan la angustia y la bronca, pero también impulsan nuevas formas de organización colectiva. Por eso, es urgente sacar las deudas del ámbito privado y reconocerlas como un problema político y social.

Los Encuentros, además de ser refugio, son mapas que nos ayudan a pensar hacia dónde seguir. En mis espacios de militancia suelo reflexionar sobre la importancia de transformar la catarsis en organización política. Entre la escucha y el acompañamiento a las personas endeudadas y la construcción de respuestas colectivas todavía hay un camino por recorrer. Pero las experiencias de lucha por el aborto, la ESI y la ley de identidad de género demuestran que ese recorrido es posible. Estos años nos enseñaron que las conquistas deben defenderse, pero también que podemos imaginar y construir otras nuevas.  El Encuentro Plurinacional es un espacio fundamental para tener esas discusiones, donde lo urgente no tapa lo importante, aunque tampoco queda relegado: para eso existen cerca de cien talleres que abordan las distintas problemáticas del presente. 

El segundo día se realizó, entre otras actividades, una Asamblea de Feministas de Abya Yala. Por la tarde, marchamos. Y todo el hilo se teje solo. Las crisis frente a las que estamos son demasiadas: crisis financiera, crisis de cuidados, de deuda, de salud mental, crisis del trabajo. El heterocispatriarcado o esa cosa escandalosa en términos de Amaia Pérez Orozco, se siente cada vez más fuerte en el cuerpo. Al finalizar este encuentro, una cosa queda clara: las feministas somos las únicas que podemos encontrar la salida del laberinto. Frente al avance de las tecnologías y la inteligencia artificial para la acumulación de capital, la amenaza sobre los puestos de trabajo, el endeudamiento de los hogares, el encarecimiento de la vida y los despojos en los territorios: una economía que piensa en la vida cotidiana de las personas y el planeta es feminista. 

Las paredes por las que marchamos se cubrieron de consignas. A once años del primer Ni Una Menos, los femicidios siguen  siendo una problemática urgente. En 2026, la sociedad volvió a poner el foco en contra de la violencia machista. “Algo huele mal en Córdoba”, rezaban los carteles que denunciaban a los femicidas y abusadores de la provincia. Resultaba imposible contener las lágrimas al cantar “Señor, señora, no sea indiferente, nos matan a las pibas y a las travas, en la cara de la gente”. También podía leerse Milei culiadazo, claro.

En 2027, la Argentina tiene una tarea enorme por delante, como la que enfrenta Brasil en estos días y la que deberán afrontar otros países de la región en sus próximas disputas electorales. Sin embargo, el horizonte político excede esas coyunturas y exige una organización sostenida en el tiempo.  ¿Y quién mejor para asumir semejante tarea que quienes llevamos 40 años construyendo encuentros masivos, autogestivos y de manera pacífica? La aspiración de nuestro movimiento feminista no es simplemente alcanzar el poder, sino seguir dando nuestras batallas, una tras otra, sin dejar de encontrarnos, abrazarnos y disfrutar en el camino. 

En las paredes también se leía “el futuro es ancestral”. Las feministas de Abya Yala nos recuerdan que mirar para atrás es una forma de pensar el futuro, como lo demuestra el trabajo de las archiveras activistas. Los altares y las ofrendas a la Pachamama, presentes en este Encuentro Plurinacional, recuperan esa relación entre memoria, cuidado y reparación del mundo. Son algunas de las claves que nos permiten imaginar y construir horizontes insumisos.

El fin de semana del 10 de octubre nos reunimos cientos de miles en Córdoba,  la ciudad que fue escenario de la Reforma Universitaria y el Cordobazo, y que también tiene una profunda tradición sindical. Tal vez haya sido el Encuentro mejor organizado al que asistí: sin incidentes, con baños químicos distribuidos por todos lados, una ciudad abierta a recibirnos y actividades cercanas y accesibles. Una vez más: que el feminismo dirija la CGT. 

Entre peñas, fiestas, ferias, actividades artísticas y muchos abrazos, lloramos, reímos, debatimos y, lo más importante: nos encontramos. Ecofeminita salió a la calle a cubrir el Encuentro y el primer testimonio que pedimos fue de una mujer que dijo que resumiría el encuentro con la palabra “emoción”, mientras se quebraba. Señora, somos todas. En tiempos como estos, encontrarse con personas de todo el continente y verse cara a cara es revolucionario. 

Pero, además, nos vamos del Encuentro con ideas, propuestas y utopías para pensar salidas políticas de largo plazo a las grandes crisis que atravesamos. Parece que eso de hablar de «cosas de minas» incluye discutir el futuro del trabajo, la economía, las tecnologías y la vida en común. Lejos de quedarnos en el malestar, seguimos imaginando otros futuros posibles y organizándonos para construirlos. Nos vemos en 2027 en CABA para llenar las calles porteñas de organización y lucha, llueva, truene o salga el sol. Alerta, alerta, alerta que camina…  

Fuente: Diario Jornada

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