La menopausia es un problema de salud pública 

Oct 16, 2026 | MenstruAcción, Notas, Salud

Un yogur por día, 4 castañas de cajú en ayunas, taichí, respirar más lento, terapia de reemplazo hormonal, nadar 4 veces por semana. Si lo incorporas a tu rutina, te vas a sentir mejor.

En los últimos años, las redes sociales se llenaron de cuentas dedicadas a hablar de la menopausia. Algunas hablan del estigma que la rodea, asociada al paso del tiempo y la vejez, los cambios corporales y  la angustia que tiene para muchas personas transitar esta etapa de la vida. Pero sobre todo se multiplicaron los perfiles individuales que hacen un sinfín de recomendaciones con la misma promesa: si consumís lo que te recomiendan o sumás esas prácticas a tu rutina, te vas a sentir bien. Una promesa que reproduce una de las lógicas más instaladas en las redes sociales: “Si querés, podés”. 

Esa promesa es el corazón de la industria del wellness, un mercado multimillonario y en plena expansión de productos, servicios y consejos que venden el bienestar como algo que cada persona puede y debe conseguir por su cuenta. Suplementos, dietas, rutinas de ejercicio, meditación, cremas y más. Bajo esta lógica, cada una se vuelve inversora de sí misma. Invertís hoy en “autocuidado” para que tu yo del futuro valga más. La salud y sentirse bien se convierte en algo que se compra, se consume y para lo que siempre parece faltar algún producto. Y si no funciona, algo habrás hecho mal. El problema es que esa idea de “empoderamiento” convierte en una responsabilidad individual lo que depende de condiciones estructurales, como cuánto tiempo tenés, de cuánto dinero disponés o con qué tipo de acceso a la salud contás.

Pero conviene detenerse un momento en qué es eso que se promete aliviar. Según la Organización Mundial de la Salud, la menopausia es el cese permanente de la menstruación debido a la disminución de estrógeno, que se determina después de 12 meses consecutivos sin menstruar, sin causas patológicas, y que sucede en general entre los 45 y los 55 años, aunque también puede ocurrir antes, ya sea de forma espontánea o por intervenciones médicas. Es, entonces, un día en la vida: el día en que el cuerpo menstrúa por última vez. Pero los cambios que llevan hasta ese día pueden empezar 10 años antes y extenderse 10 años después y en algunos casos incluso toda la vida. 

A todo ese período, que comienza con un cambio endócrino propio del crecimiento y del paso del tiempo, se lo conoce como climaterio. En esos años el cuerpo puede cambiar de muchas maneras: cambia el ciclo menstrual, el sueño, la temperatura del cuerpo, el ánimo, la piel, los huesos y las articulaciones. Para algunas personas estos cambios pasan casi inadvertidos; para otras, afectan bastante la vida cotidiana. Aunque la mayoría de las experiencias y representaciones sociales vinculadas a la menopausia y el climaterio se refieren a mujeres cisgénero (aquellas cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer), también pueden atravesarlo varones transgénero, personas no binarias y otras personas con diversas identidades de género.

Cada experiencia es distinta, pero hay algo en común. Para muchas personas, el climaterio abarca un cuarto de sus vidas (o incluso más para algunas). Hoy son más de 6 millones las mujeres de entre 40 y 60 años en la Argentina. Y sin embargo, seguramente muchas nunca escucharon hablar de este periodo. O sí, tal vez les dijeron que cuando te llega la menopausia te volvés gorda, improductiva, vieja, una bola de fuego y, el clásico, loca. Estos mitos están íntimamente vinculados al estigma del paso del tiempo y a la carga negativa que tiene crecer, sobre todo para las mujeres, y afectan la manera en que se transita esta etapa que ocupa mucho tiempo. A eso se suma un Estado que nunca se ocupó del tema, de modo que saber qué implica esta transición en el cuerpo y en la vida termina siendo una responsabilidad individual o, algo que muchas mujeres terminan aprendiendo y transmitiendo entre sí.

La menopausia funciona como una marca del paso del tiempo en los cuerpos, en una sociedad donde envejecer todavía está atravesado por estigmas. De ahí que menopausia y edadismo (la discriminación por la edad) vayan de la mano. Y de ahí también que buena parte de lo que ofrece el wellness sea una promesa de juventud eterna, donde cuidarse aparece asociado a mantenerse joven, vital, productiva y deseable para los demás.

Esa exigencia tiene una figura ideal, que es la mujer de mediana edad que trabaja, es productiva, se hace cargo de todo y no le pide nada a nadie, tampoco al Estado. Al mismo tiempo, persisten representaciones de las mujeres «mayores» como frágiles y vulnerables. Y hay algo más de fondo. Durante mucho tiempo, el lugar social de las mujeres se definió por su capacidad de gestar y criar. Cuando termina la etapa reproductiva, pareciera que pierde su razón de ser, y entran en cuestión algunos de los roles que históricamente se les han asignado. Así, las mujeres se encuentran frente a dos mandatos contradictorios. Por un lado, tenés que seguir pudiendo sola y, por el otro, ya no servís para la sociedad.

En general, todas las recetas que se venden en redes sociales ponen el foco en lo que cada una hace con su cuerpo y dejan afuera las condiciones materiales de vida. Tomar un yogur por día, nadar cuatro veces por semana, ir a taichí, conseguir un turno con una ginecóloga que sepa del tema o pagar la terapia hormonal requiere dos cosas que están muy desigualmente repartidas: tiempo y plata. Y ahí entran en juego las condiciones estructurales en las que se transitan la menopausia y el climaterio. 

La primera condición es el mercado de trabajo, atravesado por desigualdades de género y edad, y organizado en buena medida alrededor de la disponibilidad permanente. En esa organización hay poco espacio para contemplar los cambios y las necesidades que aparecen en distintas etapas de la vida, desde la menstruación y los embarazos, hasta los trabajos de cuidado, la menopausia y el climaterio. 

Esta tensión también aparece en los debates públicos actuales. En agosto de 2026, Javier Milei responsabilizó a las feministas y a la legalización del aborto por la caída de la natalidad en Argentina y sus consecuencias económicas y previsionales. Sin embargo, los nacimientos ya habían disminuido un 31,4% entre 2014 y 2020, antes de la aprobación de la ley. Pero hay algo más de fondo. La preocupación por la caída de la natalidad contrasta con una organización económica que depende del trabajo de cuidados que realizan las mujeres gratuitamente y, al mismo tiempo, desvaloriza y limita los recursos destinados a sostenerlo.  

Esta contradicción también se refleja en las políticas del Gobierno nacional, que se regocijan en la lógica de la “motosierra”. En 2025, Milei vetó un aumento de las jubilaciones y la restitución de la moratoria previsional, una herramienta fundamental para que muchas mujeres pudieran jubilarse a pesar de no contar con los treinta años de aportes. El problema es que el sistema previsional sigue sin reconocer plenamente el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que ocupa buena parte de la vida de las mujeres y condiciona sus posibilidades de acceder y permanecer en el empleo. Así, un trabajo indispensable para el funcionamiento de la economía (tal como lo afirma incluso el propio Milei) termina convirtiéndose en una “desventaja” a la hora de acceder a una jubilación. En Argentina, entre las mujeres de 40 a 60 años, 7 de cada 10 trabajan o buscan trabajo, 20 puntos menos que los varones de la misma edad. Y las que trabajan suelen hacerlo en condiciones más precarias. Una de cada tres mujeres de esta edad trabaja en la informalidad (32,2%, 7 puntos más que los varones), sin los derechos y las protecciones asociados al empleo registrado, como los aportes jubilatorios, las licencias pagas por enfermedad y la cobertura de salud correspondiente. 

Durante la menopausia y el climaterio, estas condiciones laborales pueden convertirse en obstáculos concretos para atender la propia salud. Si un día los síntomas te obligan a faltar para atender tu salud, es posible que no tengas una licencia paga que te cubra ni una obra social que financie la consulta. Además, casi una de cada cinco mujeres (17,6%) tiene más de un trabajo, el doble que los varones. La necesidad de sumar empleos para llegar a fin de mes (un fenómeno cada vez más frecuente en nuestro país) también reduce el tiempo disponible para atender la propia salud. ¿Dónde trabajan principalmente estas mujeres en edad de climaterio? Las 3 actividades principales son el servicio doméstico (17,7%), el comercio (16,5%) y la enseñanza (16,4%). El servicio doméstico es también el trabajo con mayor tasa de informalidad: 3 de cada 4 trabajadoras no están registradas. Y tanto el servicio doméstico como la docencia son trabajos asociados al cuidado o de atención a otras personas, históricamente feminizados y peor pagos que el resto. Todo esto lleva a que las mujeres ganen menos que los varones y que, por tanto, tengan más probabilidades de estar entre quienes cobran los ingresos más bajos.

Ahí aparece la segunda condición, enlazada con la primera: los cuidados. Las mujeres cuidan en el trabajo pago y cuidan en casa, y una cosa pesa sobre la otra. El tiempo que se va en cuidar gratis es tiempo que no se puede dedicar a un empleo de jornada completa, y por eso muchas terminan en ocupaciones más flexibles y peor remuneradas, como el empleo doméstico por hora, que permite acomodar el trabajo pago a los horarios de cuidado. El trabajo de cuidar a otras personas sigue recayendo sobre todo en las mujeres, y en esta etapa de la vida se intensifica: muchas siguen a cargo de hijos o nietos y, al mismo tiempo, empiezan a cuidar a sus madres y padres, a quienes también les pasa el tiempo y comienzan a requerir más atención. Y esto sucede en un momento de la vida en el que aumentan las necesidades de autocuidado asociadas a la menopausia y el climaterio.

Las mujeres de 40 a 60 años dedican en promedio 6 horas y 40 minutos por día al trabajo doméstico y de cuidados sin recibir un salario por esta tarea. Los varones de la misma edad, 3 horas y 45 minutos: casi la mitad. Son casi 3 horas más por día, todos los días. En las tareas de la casa, además, la brecha con los varones de su edad (casi 2 horas) es mucho mayor que entre jóvenes (apenas 12 minutos).

Pero el dato más fuerte es el cuidado de personas mayores. Las mujeres de 40 a 60 años que cuidan a mayores de 65 le dedican casi 7 horas diarias, casi el doble que las más jóvenes y que los varones de su misma edad (3 horas y 20 minutos). Son ellas, sobre todo, quienes sostienen a las personas mayores de su familia. Y lo hacen mientras siguen cuidando infancias: las que cuidan a niñas y niños les dedican unas 5 horas diarias, no tanto menos que las más jóvenes (6 horas y media). Es lo que se conoce como «generación sándwich»: quedan apretadas entre el cuidado de hijos o nietos, por un lado, y el de madres y padres, por el otro.

Entonces, frente a este escenario de empleos precarios, menores ingresos y una elevada demanda de cuidados, cabe preguntarse qué tiempo y qué recursos económicos les quedan a las mujeres para ocuparse de los cambios que trae la menopausia. Sin licencias ni obra social, ¿cuándo se puede ir al médico, hacer controles o sostener un tratamiento? ¿En qué condiciones se logra priorizar la propia salud en medio de jornadas partidas entre varios trabajos y sobrecargadas de cuidados?

Frente a estas preguntas, la respuesta del wellness es siempre la misma: organizate, priorizate, invertí en vos. Esa promesa crece, además, en un contexto de abandono del Estado en la provisión de servicios públicos y en las políticas de salud y de cuidado, en el que cada vez más cuestiones que deberían resolverse de forma colectiva pasan a ser un problema de cada persona. Cuando el Estado se retira, el mercado ocupa ese lugar, y vende como solución individual lo que es, en realidad, una desigualdad estructural.

El sistema de salud tampoco está preparado. En general, los y las profesionales no reciben formación específica sobre menopausia y climaterio, y muchas mujeres salen de la consulta sin respuestas o con la idea de que lo que les pasa es normal y hay que aguantarlo. Así, los mitos y el edadismo que rodean a la menopausia se reproducen también en el consultorio, donde se deberían encontrar respuestas a estos desafíos.

Y el tema es cada vez más urgente. La población argentina envejece, y las mujeres en edad de climaterio son una porción cada vez más grande de ella. Según las proyecciones del INDEC, hoy viven en el país 6.005.776 mujeres de entre 40 y 60 años, el 13% de la población. En 1970 eran el 11,1%, y para 2040 serán casi 7 millones (6.916.250), el 15% del total. Al mismo tiempo, habrá más personas mayores que van a necesitar cuidados, que hoy recaen en gran parte sobre ellas.

Por eso la menopausia es un asunto público. Lo que el wellness vende como un problema de cada una depende de cómo se reparten el trabajo, los cuidados, el tiempo y el acceso a la salud. Por eso, es necesario un sistema integral de cuidados que reparta de otra manera el trabajo de cuidar entre el Estado, el mercado, las comunidades y las familias, y entre varones y mujeres; un mercado de trabajo que contemple los cambios del cuerpo a lo largo de toda la vida; un sistema de salud con profesionales formados para acompañar esta etapa, y políticas públicas que produzcan y difundan información, para que el acceso a la información sobre la menopausia y el climaterio no dependa exclusivamente de los conocimientos que circulan entre las propias mujeres. 

Para echar luz sobre los costos de menstruar y dejar de menstruar desde Ecofeminita y el IEALC-UBA equipo Giordano diseñamos Calcu-M, la primera calculadora para estimar los costos de la menstruación y la menopausia. En el marco del Día Mundial de la Menopausia estaremos presentando la herramienta y sus primeros resultados el jueves 22 de octubre de 18 a 20 hs en Santiago del Estero 1148, CABA. Exponen Verónica Giordano y Mora Vinokur investigadoras del IEALC-UBA y CONICET, Milagros Kirpach de No Pausa, Lucía Espiñeira, coordinadora de #MenstruAcción e integrante de Ecofeminita y modera Sonia Santoro periodista de Página/12. El evento es gratuito con inscripción previa en este link.

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